Caso UBER – La necesidad de regular el mal uso de las nuevas tecnologías.

Montevideo, 11 de octubre de 2016.

A la opinión pública:

Anmype está a favor de todo emprendimiento empresarial que genere ganancia a los empresarios, que cree puestos de trabajo de calidad y ayude a mejorar los productos y servicios en base a la competencia leal.

Tanto el Gobierno Nacional como los gobiernos departamentales están obligados a dar seguridad y velar por que todas las empresas compitan respetando las normas y obligaciones tributarias específicas en cada rubro y sector de actividad.

Hemos sido testigos y/o perjudicados en los últimos tiempos por empresas que llegan al país facilitando la informalidad, con la novedad del uso de las nuevas tecnologías. Desconociendo las exigencias que tan celosamente las empresas existentes tienen que cumplir, predicando cierto desprecio por las normas que regulan la actividad local, pregonando y ofreciendo públicamente pagar las posibles multas que se deriven de su actuación irregular. Esto significa una vergüenza para el país, y para sus autoridades. Obviamente nos estamos refiriendo a UBER, una empresa que replicando una simple aplicación en nuestro país, y con muy pequeña inversión, se lleva una utilidad del  25 %  de una actividad en la cual el verdadero valor económico es generado por capital y trabajo uruguayo.

Debemos considerar que un taxi, un remise o una camioneta de transporte escolar para comenzar su emprendimiento, debe pagar a la Intendencia una chapa de alto valor, cumplir todas las exigencias técnicas y protocolos de seguridad que se aplican a los propios vehículos, pasar las inspecciones correspondientes a su propio costo, estar inscripto en BPS, DGI y BSE,  cumplir con protocolos de seguridad que determinan la  cantidad de hs de un conductor al volante, a los taxis se les exige que tenga por lo menos un empleado en planilla (un dueño no puede trabajar solo su vehículo). Pensemos entonces en los altos valores de inversión inicial y de costos fijos que tiene que soportar un pequeño negocio de transporte formal.

Naturalmente, si una empresa logra funcionar evitando estos altos costos podrá abaratar su precio final al cliente de forma considerable, ganando la preferencia de muchos usuarios. Esta preferencia también se fundamenta en la mejor calidad de los servicios. Al respecto, si bien reconocemos que la competencia promueve la mejora empresarial, no podemos fundamentar esto generando competencia desleal, y desconociendo que dichas mejoras se pueden obtener profesionalizando y mejorando la gestión de nuestras empresas, siendo cada vez mejores empresarios y trabajadores.

Invitamos a todos a reflexionar, a que piensen en el rubro en el que trabajan, sean empleadores o empleados, y consideren que pasaría si otras empresas compitieran con su trabajo, sin realizar inversiones importantes, evitando todos los controles, afectando la calidad del trabajo y la seguridad social, y llevándose fuera del país importantes porcentajes de la utilidad generada por el sector. No cabe duda que permitir este tipo de incursiones desleales en otros sectores de actividad, obnubilados por cambios tecnológicos que no aportan valor económico real, hará peligrar muchas más empresas y fuentes de trabajo.

Esto no implica que adoptemos una posición simplista en contra de las nuevas tecnologías. No participamos de la discusión falaz que enfrenta posiciones polares a favor o en contra de las aplicaciones que funcionan en Internet. Las nuevas tecnologías, bien aplicadas, facilitan la actividad empresarial, agregan valor y aumentan la eficiencia productiva, permitiendo optimizar todos los procesos empresariales, de marketing y ventas, de producción y prestación de servicios, de gestión del capital humano, de administración y finanzas. Lo cual no debe impedirnos  reconocer que no toda aplicación de nueva tecnología impacta de forma positiva. Esto depende del sector de actividad y del tipo de cambio que provoca en los modelos de negocio, dentro de las estructuras empresariales y sobre todo en lo inherente a las condiciones de trabajo, la formalidad, la generación de valor económico real y el reparto de la utilidad de la actividad empresarial.

Vivimos una nueva revolución tecnológica que avanza a una velocidad vertiginosa, generando nuevos productos y servicios, y miles de sitios y plataformas web que proponen nuevos mecanismos de intercambio, desafiando abiertamente a las empresas tradicionales. Pero no podemos dejarnos arrastrar por la ola, así nomás. Debemos adoptar una posición crítica ante los cambios,  que nos permita reconocer y apoyar los adelantos tecnológicos que impactan positivamente en nuestra economía y en nuestra sociedad. Y por el contrario, reconocer y levantar barreras ante empresas que como UBER intentan sacar ventaja de situaciones irregulares, burlándose de las reglamentaciones, normas y autoridades nacionales.

Por todo esto exigimos a las autoridades que terminen con las medias tintas, que legislen en consecuencia y sin demora y hagan cumplir estrictamente todas las normas que pongan a resguardo la real y leal competencia de todas las empresas que funcionan en nuestro país.

Comisión Directiva ANMYPE